Hay una cifra que conviene tener clara antes de entrar en pánico: una unidad exterior de aerotermia moderna emite entre 45 y 65 decibelios a un metro de distancia, lo que equivale a una conversación normal o al tráfico moderado. En modo silencioso nocturno, muchos equipos bajan a 38-45 dB, el nivel de un susurro.
Es decir: el miedo al «ruidazo» que arruina la convivencia con los vecinos está, en la mayoría de los casos, desfasado. Pero eso no significa que el ruido no pueda convertirse en un problema real. Cuando lo hace, casi nunca es culpa de la máquina en sí, sino de cómo y dónde está instalada. Vamos a diagnosticarlo.
El concepto que lo cambia todo: potencia sonora vs. presión sonora
Aquí está el error que hace que mucha gente descarte equipos perfectamente válidos por leer mal una ficha técnica.
- Potencia sonora (Lw): es el dato que aparece en la etiqueta del fabricante. Mide la energía acústica total que emite la máquina en origen. No depende de la distancia ni del entorno.
- Presión sonora (Lp): es el ruido que realmente llega a tus oídos o a los de tu vecino. Sí depende de la distancia, la orientación y los obstáculos.
La diferencia es enorme en la práctica: una unidad con 60 dB de potencia sonora en la ficha puede generar solo 30-35 dB de presión sonora a 3-4 metros, un nivel comparable al de una biblioteca y que suele quedar enmascarado por el ruido de fondo habitual. Si además hay un doble acristalamiento de por medio, desde el interior de la vivienda el equipo resulta prácticamente imperceptible.
Conclusión práctica: no descartes una aerotermia solo porque su ficha diga «60 dB». Ese número no es lo que vas a oír.
De dónde viene realmente el ruido
Una aerotermia tiene tres focos de ruido potenciales, y saber distinguirlos es la mitad de la solución:
1. La unidad exterior (el foco principal). Aquí trabajan el compresor y el ventilador. Es normal un zumbido de 45-65 dB. Si está muy cerca de una ventana, un patio estrecho o una pared que refleje el sonido, ese ruido se amplifica notablemente.
2. La unidad interior y el armario técnico. En condiciones normales debería sonar como un frigorífico: 30-40 dB, un zumbido suave del ventilador y algún siseo leve del agua o el refrigerante.
3. Tuberías, fancoils y suelo radiante. Aquí es donde aparecen los ruidos que no son normales: gorgoteos fuertes o burbujeo constante suelen indicar aire en el circuito (falta de purga), no un problema del equipo.
El verdadero enemigo no es el ruido: son las vibraciones
Este es el matiz que separa una buena instalación de una que da problemas persistentes. El objetivo de un instalador competente no es solo elegir una máquina silenciosa, sino evitar que el ruido se convierta en vibración estructural.
Cuando la unidad exterior no se desacopla correctamente de la estructura del edificio, sus vibraciones se transmiten por paredes y forjados, y aparecen resonancias molestas dentro de la vivienda (a veces incluso en la del vecino), aunque el ruido aéreo directo sea bajo. Esa vibración estructural es la causa número uno de las molestias que de verdad quitan el sueño.
Cómo solucionarlo: de lo barato a lo profesional
Si tu aerotermia hace más ruido del que debería, hay una escala de soluciones que va de la más sencilla a la más contundente:
1. Revisa la ubicación. Es la medida más efectiva y la que debería haberse resuelto en la instalación. La unidad debe estar lo más lejos posible de dormitorios y ventanas, y no encajonada en un patio estrecho que actúe como caja de resonancia.
2. Instala soportes antivibratorios (silentblocks). Son tacos de goma técnica que desacoplan la máquina de su base y cortan la transmisión de vibraciones a la estructura. Es una de las soluciones con mejor relación coste-resultado.
3. Activa el modo silencioso nocturno. Casi todos los equipos modernos lo incorporan y reducen el nivel sonoro en las horas de descanso, cuando la bomba trabaja de forma continua en invierno.
4. Coloca pantallas acústicas o barreras vegetales. Una pantalla envolvente bien diseñada (o incluso setos densos) atenúa el sonido que llega al entorno.
5. Mantén el equipo revisado. Un ventilador o compresor con mantenimiento deficiente genera sonidos irregulares que un equipo en buen estado no produce.
Combinando soportes antivibratorios de calidad, pantalla acústica y modo silencioso, una insonorización profesional puede reducir el ruido hasta en 15 dB, con una inversión orientativa de 650 a 2.400 € según el alcance.
¿Y si el problema es el ruido de la aerotermia del vecino?
Aquí conviene conocer los límites. La normativa estatal y autonómica suele fijar el límite nocturno en zona residencial en torno a los 30 dB de inmisión dentro de la vivienda afectada. Si sospechas que se supera, el camino es: primero hablarlo con el vecino (muchas veces desconoce el problema y se resuelve con silentblocks), y si no hay solución, solicitar una medición acústica oficial al ayuntamiento antes de plantear una reclamación formal.
Cuándo llamar al técnico sí o sí
- Ruidos metálicos, golpeteos o chirridos que antes no existían.
- Gorgoteos o burbujeo constante (indican aire en el circuito).
- Un aumento repentino del ruido acompañado de peor rendimiento.
- Vibraciones que se sienten en paredes o suelo de la vivienda.
En estos casos no es cuestión de estética acústica: puede haber un problema mecánico o de instalación que conviene atajar antes de que dañe el compresor.
