Cuando Enrique instaló su Daikin Altherma hace un año, el técnico de la puesta en marcha le explicó «las cuatro cosas que tiene esta máquina y ya», y a los cinco minutos le dejó encima de la mesa un contrato de mantenimiento anual con la coletilla de «es obligatorio por ley». Enrique, que tiene un cuñado calefactor en un hospital, le preguntó antes de firmar nada. La respuesta que le dio su cuñado fue tajante: para nada es obligatorio, lo caro es montarla, luego prácticamente te olvidas salvo avería, y lo único que de verdad importa es no olvidar limpiar los filtros.
Las dos cosas son parcialmente ciertas, y ese es justo el lío que vamos a desenredar aquí: qué es de verdad obligatorio, qué es solo recomendable, qué puedes hacer tú sin tocar nada peligroso, y qué debe quedar siempre en manos de un técnico certificado.
Primero, la pregunta que hace todo el mundo: ¿es obligatorio el mantenimiento?
Depende de la potencia de tu equipo, y aquí es donde se cruzan los cables entre lo que cuentan algunas comerciales y lo que dice realmente la norma.
El RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios) exige que la instalación la haga un profesional habilitado y que se mantenga periódicamente, pero la inspección periódica obligatoria de eficiencia solo se activa a partir de 70 kW de potencia —muy por encima de cualquier equipo residencial, que suele moverse entre 4 y 16 kW—. En una vivienda normal no hay inspección periódica reglada del RITE: hay una recomendación de mantenimiento, normalmente anual, que no es lo mismo que una obligación con sanción detrás.
Dicho esto, algunas fuentes técnicas matizan que para equipos de aerotermia de baja potencia (vivienda unifamiliar o piso) conviene una revisión completa cada 4 años como referencia de buena práctica, y que el circuito frigorífico con más de cierta carga de gas sí puede tener exigencias de inspección específicas por normativa de gases fluorados, independientes del RITE.
Mi lectura honesta después de cruzar todas las fuentes: no, no es «obligatorio por ley» en el sentido dramático que a veces vende el técnico de turno para colocarte un contrato de 130-150€/año. Pero sí es fuertemente recomendable, porque el coste de no hacerlo no es una multa, es una factura eléctrica más alta y un compresor con menos años de vida.
Lo que puedes hacer tú, sin herramientas ni riesgo
Esta es la parte que de verdad marca la diferencia día a día, y la buena noticia es que no necesitas ser manitas.
Limpiar los filtros interiores. Es la tarea más importante y la más olvidada de todas. Un filtro sucio no rompe nada de golpe, pero hace que el equipo trabaje más para conseguir el mismo resultado, silenciosamente, mes tras mes. Frecuencia: cada 1-3 meses, con un paño húmedo o el accesorio suave del aspirador.
Vigilar la unidad exterior una vez al mes. No hace falta abrir nada: solo comprobar que no haya hojas, ramas, nidos, polen acumulado o cualquier cosa que bloquee la rejilla de entrada de aire. Si la unidad «no respira» bien, el rendimiento cae de forma proporcional a la obstrucción.
Mirar el manómetro de presión. La mayoría de equipos tienen un indicador visible en la unidad interior. El rango normal suele estar entre 1 y 2 bar en frío (algunas fuentes lo sitúan más ajustado, entre 1 y 1,5 bar; consulta siempre tu manual concreto). Si ves que baja de 1 bar con cierta frecuencia, apúntalo: puede haber una fuga pequeña que conviene revisar en la próxima visita técnica, no algo urgente pero sí algo a vigilar.
Usar el termostato con cabeza. Mantener la calefacción entre 20-22°C en invierno es suficiente para el confort de la mayoría de personas y evita que el equipo tenga que sobreesforzarse para alcanzar temperaturas innecesariamente altas.
Ninguna de estas cuatro tareas requiere destornillador, ni conocimientos técnicos, ni te va a anular ninguna garantía. Es, literalmente, lo que hace la diferencia entre una instalación que llega a los 20 años en buena forma y una que empieza a dar problemas a los 8-10.
Lo que debe hacer siempre un técnico certificado
Aquí no hay margen para el bricolaje, por dos motivos: manipular el circuito frigorífico sin carné de gases fluorados es ilegal, y meter mano en electrónica de control sin saber lo que haces puede dejarte sin garantía o, peor, sin equipo.
- Circuito frigorífico y gas refrigerante: presiones, posibles fugas, estado del compresor. Solo un técnico con certificación F-Gas puede tocarlo.
- Componentes eléctricos: cuadro, conexiones, protecciones.
- Vaso de expansión: comprobar la precarga de nitrógeno y ajustarla si es necesario. Es un componente que casi nadie menciona pero que, mal dimensionado o descargado, es la causa número uno de esas caídas de presión «misteriosas» que tanto preocupan en los foros.
- Purga del circuito hidráulico: el aire acumulado en el sistema puede hacerte perder entre un 15% y un 20% de rendimiento (COP), además de generar ruidos y calentamiento desigual entre estancias.
- Ciclo antilegionela y temperatura del depósito ACS: verificación de que el acumulador alcanza los 60-65°C necesarios por normativa sanitaria.
- Limpieza interna del intercambiador y las aletas del evaporador exterior: algo más profundo que la limpieza superficial que puedes hacer tú.
Frecuencia recomendada para esta visita completa: una vez al año, idealmente antes del pico de invierno, aunque si tu equipo funciona con moderación y está bien dimensionado, algunos técnicos y usuarios experimentados defienden que cada 2 años es suficiente para uso doméstico normal.
El caso real que ilustra por qué esto importa: la presión que desaparece sola
En un foro de energía, un usuario llamado Amt0571 describía un problema muy típico: su aerotermia funcionaba meses seguidos sin ningún problema, pero en cuanto se ausentaba de casa 3 días (con el equipo solo manteniendo el ACS, sin demanda de calefacción), al volver se encontraba con menos de 1 bar de presión y el equipo parado por error.
La explicación técnica que le dieron en el propio foro es reveladora: la temperatura del agua influye directamente en el volumen y, por tanto, en la presión del circuito. Si el vaso de expansión está justo de capacidad o mal precargado —algo bastante común en instalaciones donde se usa solo el vaso interno del equipo, que suele quedarse pequeño para el volumen real de la instalación—, estas oscilaciones se convierten en un problema recurrente.
La lección práctica: si tu presión baja de forma repetida cada vez que el equipo pasa unos días sin actividad intensa, no es «normal y ya está» ni tampoco necesariamente una fuga grave. Es exactamente el tipo de síntoma que hay que anotar y llevar a la revisión anual, en lugar de simplemente rellenar presión una y otra vez, que solo tapa el síntoma sin resolver la causa.
Cuánto cuesta y si de verdad compensa el contrato de mantenimiento
Un mantenimiento profesional anual ronda los 80-150€. No es una cifra escandalosa, pero tampoco es gratis, y aquí sí hay opiniones divididas incluso entre usuarios con experiencia real:
Un vecino de un edificio con aerotermias de apenas 4 años de antigüedad comentaba en un foro que su fabricante (NIBE) recomienda una revisión anual de unos 130€, pero que en la práctica se limita a revisar el filtro y actualizar software, y que él mismo considera que «es un poco timo» porque nunca lo ha contratado y no ha tenido problemas.
Frente a esa opinión, hay consenso técnico bastante amplio en que saltarse por completo el mantenimiento profesional puede hacer perder entre un 15% y un 30% de eficiencia en pocos años, además de acortar significativamente la vida útil del compresor —la pieza más cara de sustituir de toda la instalación—.
Mi recomendación, sin vender humo: no necesitas un contrato premium con dos visitas al año y limpieza de fancoils incluida si tienes una instalación doméstica sencilla. Pero sí vale la pena una revisión anual básica —de las económicas, no la más cara que te ofrezcan—, especialmente durante los primeros años, cuando cualquier defecto de instalación (mal purgado, vaso de expansión infradimensionado) suele manifestarse.
Antes de que se te olvide
Apunta esto en algún sitio donde lo vayas a ver: pon una alarma trimestral en el móvil para revisar filtros y la unidad exterior, y otra anual, coincidiendo con el final del verano, para llamar al técnico antes de que empiece la temporada de calefacción. Es la única «gestión» que de verdad necesita tu aerotermia para llegar en buena forma a sus 20 años de vida útil.