Hay una frase que los instaladores escuchan casi en cada visita a un chalet:«Ponme una grande, por si acaso.» Es probablemente el consejo más caro que puedes seguir. Al contrario que una caldera, en aerotermia pasarse de potencia sale tan mal como quedarse corto —y en un chalet, donde las superficies son grandes y las facturas también, el error se multiplica.
Este artículo no va de darte un número mágico, porque no existe. Va de que entiendas de qué depende ese número y salgas capaz de leer con criterio el presupuesto que te pase el instalador.
El número rápido (y por qué no te fíes de él)
Empecemos por lo que casi todo el mundo busca: una cifra orientativa. Para hacerte una idea del orden de magnitud en un chalet:
| Superficie | Potencia orientativa |
|---|---|
| 100 m² | 6–10 kW |
| 120 m² | 8–12 kW |
| 150 m² | 9–12 kW |
| 200 m² | 12–15 kW |
Estos valores son solo un punto de partida y deben ajustarse por aislamiento y clima. El propio dato lo demuestra: un chalet de 100 m² en Burgos puede necesitar 12 kW, mientras que un piso reformado de 100 m² en Valencia se apaña con 6 kW. Misma superficie, el doble de potencia. Por eso la tabla por metros cuadrados es un espejismo si te quedas solo en ella.
Lo que de verdad manda: la carga térmica
El cálculo serio no parte de los metros cuadrados, sino de la carga térmica: la potencia de calefacción que tu casa necesita el día más frío del año para mantenerse confortable. El método de referencia es un cálculo estancia por estancia según la norma EN 12831, que mide las pérdidas por muros, ventanas, techo, suelo y ventilación.
Como aproximación, la fórmula es sencilla:
Potencia (kW) = Superficie (m²) × Demanda térmica (W/m²) ÷ 1.000
Toda la magia está en ese W/m², que depende del estado de tu vivienda:
| Tipo de vivienda | Demanda (W/m²) |
|---|---|
| Casa pasiva / muy eficiente | 10–35 |
| Obra nueva estándar | 35–50 |
| Antigua bien rehabilitada | 50–70 |
| Antigua parcialmente rehabilitada | 70–100 |
| Antigua sin aislar | 100–150 |
Un ejemplo concreto: un chalet de 150 m² antiguo y rehabilitado, con 60 W/m², da 150 × 60 ÷ 1.000 = 9 kW. El mismo chalet sin aislar podría dispararse a 18–22 kW. Ahí ves por qué el aislamiento —no los metros— es el factor decisivo.
Los tres factores que cambian tu resultado
Más allá de la fórmula, estos son los tres pilares que un buen dimensionado tiene en cuenta:
1. Zona climática (CTE). España se divide en zonas de la A (más cálida) a la E (más fría) según la severidad del invierno. No es lo mismo dimensionar para Madrid (D) que para Burgos (E) o Málaga (A). Puedes consultar tu zona en el Documento Básico HE del CTE, que clasifica por provincia y altitud.
2. Aislamiento y construcción. Es el factor de mayor impacto: una vivienda mal aislada puede necesitar el doble de potencia que otra similar bien aislada. Cuentan los muros, la cubierta, los suelos sobre garaje y la carpintería de ventanas.
3. El sistema de emisión. Con suelo radiante la aerotermia trabaja a baja temperatura (30–35 °C) y rinde al máximo; con radiadores necesita impulsar más caliente, lo que penaliza el rendimiento salvo que sean de baja temperatura o estén sobredimensionados. El chalet, además, suele tener techos altos o espacios diáfanos, que aumentan el volumen a climatizar y, por tanto, la potencia.
El error que arruina la factura: sobredimensionar
Este es el punto que conviene grabar a fuego, porque va contra la intuición.
Si pones una máquina de 14 kW en un chalet que necesita 8 kW, ocurre esto: alcanza la temperatura de consigna en pocos minutos, se apaga, la casa se enfría un grado, vuelve a arrancar… y así todo el día. Es el llamado ciclo corto: ese arranque-parada continuo desgasta el compresor y reduce la eficiencia entre un 10 % y un 15 %.
El resultado paradójico es que la máquina «grande por si acaso» consume más y dura menos que la ajustada. En aerotermia, el equilibrio está en el punto bivalente, no en el exceso.
La subdimensionada tampoco vale: en las heladas no alcanza la temperatura y tiene que tirar de la resistencia eléctrica de apoyo, que dispara el consumo.
No olvides el ACS ni la potencia eléctrica contratada
Dos detalles que en un chalet marcan la diferencia:
- El agua caliente (ACS). La aerotermia gestiona el ACS con un depósito acumulador, así que normalmente no hay que sumar mucha potencia extra por este concepto. Solo en familias numerosas o con varios baños conviene sobredimensionar ligeramente y usar un depósito con serpentín generoso.
- La potencia eléctrica que contratas. Instalar aerotermia puede dejar corta tu potencia contratada. Durante el arranque, la bomba puede duplicar momentáneamente su consumo, y si coincide con el horno o la vitro puede saltar el ICP. Revísalo antes: ni corto (cortes de suministro) ni pasado (pagas de más en el término fijo).
Cómo estimarlo tú antes de pedir presupuesto
Para llegar a la reunión con el instalador sabiendo de qué se habla, haz este cálculo de servilleta:
- Localiza tu zona climática en el CTE.
- Estima tus W/m² según el año y el estado de aislamiento de tu chalet (usa la tabla de arriba).
- Multiplica: m² × W/m² ÷ 1.000 = kW aproximados.
- Redondea al alza si tienes techos altos o mucha superficie acristalada al norte.
Eso te da una horquilla razonable. Pero no sustituye a un cálculo profesional de cargas térmicas: para un presupuesto cerrado hace falta visita técnica y estudio detallado conforme a normativa
